Memoria activa en Floresta | Con José Agustín Potenza, se completó el mural de los desaparecidos de All Boys

Memoria activa en Floresta | Con José Agustín Potenza, se completó el mural de los desaparecidos de All Boys

marzo 27, 2026

 

Escribe: Leandro Manganelli

 

“Los que están en el aire pueden desaparecer en el aire / Los que están en la calle pueden desaparecer en la calle / Los amigos del barrio pueden desaparecer / Pero los dinosaurios van a desaparecer”, dice Charly García desde un parlante montado en la esquina de Mercedes y Álvarez Jonte. Después aparece en el himno, cantado antes de que comiencen los discursos que van a presentar la puesta en valor del mural que recuerda a los socios detenidos-desaparecidos del Club Atlético All Boys. Es jueves por la tarde y el barrio goza de un día ordinario, que en pocos minutos va a perder lo rutinario.

Se cumplen 50 años del golpe de estado cívico eclesiástico militar que tuvo lugar entre 1976 y 1983 y la Comuna 10 -la de la memoria- lo siente. All Boys, especialmente.

 

“Hace 10 años el equipo argentino de antropología forense encontró los restos de José Agustín Potenza en una fosa común en Paraguay. Estuve con Rosita en la casa familiar, era un 9 de febrero de 2016, esperando los restos, que vinieron en micro desde Corrientes; volvió a su casa, a su país, a su barrio de Floresta”, dice Elena Ferreyra, responsable de derechos humanos de la Asociación de Personal Legislativo (APL).

 

José Agustín Potenza es la principal razón de esta puesta en valor. El mural contaba solo con cuatro socios detenidos-desaparecidos y José ahora comparte homenaje con Susana Leonardi, Daniel Ferreira, Carlos Lorenzo y Samuel Szczupakiewicz.

 

“Lo secuestraron en Uruguay, lo llevaron a Paraguay, lo torturaron, lo mataron. La antropología forense encontró sus huesos gracias a que yo di una gota de sangre. Les pido a todos que la den, porque hay un montón de cuerpos que están esperando a sus familias”, explicó Rosa, hermana de José y vecina del barrio. Ahora el mural tiene cinco nombres, cinco caras, cinco identidades. Y el núcleo de todo, el “aquí fueron felices”, sigue intacto. Alejandro Dufort, el artista a cargo, es el mismo que había realizado el mural original en 2015.

 

 

Imagen. La comunidad blanquinegra que estuvo presente en la puesta en valor del mural.

 

Aunque los nombres y sus rostros impregnados en la pared digan mucho por sí solos, hace falta aclarar algunos datos sobre su vida temprana. Susana Leonardi formaba parte del equipo de natación del club, era delegada sindical en la Unión Obrera Metalúrgica (UOM), estudiaba psicología en la UBA, trabajaba en una fábrica de ascensores del barrio y tenía 22 años. Fue secuestrada frente a su casa por un grupo de tareas que arribó al domicilio en cinco Ford Falcon. Cinco. Julio César “Bocha” Milani, histórico del básquet de All Boys y familiar de Susana, recuerda el momento: “Me llamó mucho la atención que la sacaron en camisón. Me preocupó mucho eso, pero nadie pensaba que iba a pasar lo que pasó”.

 

Daniel Ferreira estudiaba agronomía, era militante de la Juventud Unida Peronista (JUP) y tenía 24 años. Fue secuestrado en la sociedad rural argentina. Carlos Lorenzo jugaba al básquet en All Boys, estudiaba en la UBA y tenía 24 años. Samuel Szczupakiewicz también jugaba al básquet en el club, estudiaba ciencias económicas en la UBA, militaba en la Juventud Peronista (JP) y tenía 24 años. “Inauguramos la pileta juntos; mientras él jugaba al básquet yo hacía natación en el club”, dijo Mirta, su hermana. Estudiantes, militantes y trabajadores.

 

 

Imagen. Las y los familiares de los detenidos-desaparecidos homenajeados en el mural.

 

Y cuando se menciona al básquet, aparece Gustavo Stefanatto, quien jugaba en el club y fue compañero de Samuel y Carlos -además, es el padre de Darío, futbolista muy querido en el Albo-. Un tanto emocionado, Gustavo sacó dos fotos de formaciones de básquet adolescentes de All Boys, mientras explicaba dónde vive -o vivió- cada uno de los jugadores. El barrio a flor de piel. “Compartíamos todos los sábados y domingos. Estoy muy emocionado -se le cerró la garganta-. No quiero hablar más”.

 

En ese compartir de mates y charlas que sobrepasan generaciones, se suceden fotos con el mural. Y Nando Varela, músico e hincha de All Boys, interpreta un tema que habla de los amigos que ya no están, pero siguen estando, y recuerda con un gesto risueño la emoción que le causó ver el mural por primera vez en 2015. Porque acá la memoria ejercida con una sonrisa parece valer el doble.