Alerta que están vivos | Una crónica sobre la lucha por la Memoria, la Verdad y la Justicia en la Comuna 10

Alerta que están vivos | Una crónica sobre la lucha por la Memoria, la Verdad y la Justicia en la Comuna 10

agosto 20, 2024

 

Escribe: Leandro Manganelli

 

 

Cuando estacionó la Kangoo en la esquina de San Nicolás y Rivadavia, el barrio de Floresta ya estaba listo para una nueva marcha Orletti-Olimpo. La camioneta cargaba, en su parte trasera, los muñecos que iban a liderar el grito de memoria, verdad y justicia por los 30.000 desaparecidos en la última dictadura cívico militar que sufrió la República Argentina.

 

-30 años tienen los muñecos.

 

Dirá, más tarde, uno de los responsables de su cuidado y traslado, en la Plazoleta Alice Domon y Léonie Duquet -en la intersección entre las calles Medina, Moreto y Cajaravilla-, que se llama así por las monjas francesas desaparecidas el 8 de diciembre de 1977. Los muñecos son grandes, altos, y sostenidos por una persona que les da movimiento, vida. Son dos reyes y el mismo señor que les deschavó la edad dice que faltó la reina porque había que repararla.

 

-¿30 años? ¿Cómo se mantienen tan bien?

 

-Renacen en cada marcha.

 

Cada año, hace 20 años, los vecinos de la comuna 10 se juntan sobre Avenida Rivadavia, a una cuadra de la vía, para visitar los ex centros clandestinos de detención y tortura que operaron en el barrio y que hoy son necesarios espacios para la memoria y la promoción de los derechos humanos.

 

Veo caras conocidas, de mi infancia. Maestras de primaria. Una de ellas con su hijo, chico, en los brazos, lleno de vida. La que no pudieron vivir los que están en los carteles que sostienen los familiares de desaparecidos.

 

 

 

 

 

Es noviembre de 1976. Desde marzo, Argentina es gris bajo las cínicas órdenes de Jorge Rafael Videla. En Floresta, desde mayo, ocultado por los ruidos del tren y la sirena de la barrera, Automotores Orletti -en la calle Venancio Flores- funciona como centro clandestino de detención, tortura y exterminio, y es una de las bases del Plan Cóndor. José Morales y Graciela Vidaillac están detenidos. Se escapan. Zafan de la persecución de sus captores y Orletti cierra.

 

 

Centro recuperado en 2009, fue el primer punto que recibió a los vecinos y a las agrupaciones obreras, de izquierda y peronistas, acompañadas de banderas uruguayas llevadas con orgullo. En la reja que separa el paso galopante del ferrocarril de la calle angosta, poco transitada en un día cualquiera pero llena de memoria, un cartel informa un listado de uruguayos desaparecidos durante la dictadura de 1976. Son muchos: es que Automotores Orletti fue la base de Operaciones Tácticas 18, el plan que secuestraba a los extranjeros que huían de las dictaduras de Chile y Uruguay y llegaban a la Argentina, otro pozo de oscuridad. Repaso los apellidos uruguayos para ver si alguno se me hace conocido, cuando irrumpe la lectura de uno de los documentos que le dan cierta formalidad a la movilización, tapado unos segundos por los bocinazos de apoyo -creo- de uno de los trenes que pasó camino hacia Once.

 

 

 

 

Para seguir recorrido, el pequeño camión encargado de llevar los parlantes que elevaban la marcha a todo el barrio tuvo que hacer una maniobra en la calle angosta para dar la vuelta manzana y continuar la ruta, interrumpida por la barrera de las vías antes de llegar a Orletti. Es como si quisiera frenar la movilización, pensé, cuando los que íbamos adelante terminamos de cruzar y la barrera de madera estacionó arriba de la bicicleta de un hombre que vestía la camiseta de Maradona del Mundial de 1994 y transmitía la marcha en vivo por Instagram.

 

 

A las seis de la tarde, hora de la convocatoria, la esquina de San Nicolás y Rivadavia todavía estaba tímida. Predominaban los saludos, los encuentros y los reencuentros y, con el correr de los minutos, la calle se empezó a llenar de camisetas de fútbol. La del St. Pauli -equipo alemán antifascista-, las muchas de All Boys, las otras tantas de Vélez, respaldadas por la agrupación Fortinerxs Memoriosxs, y las de San Lorenzo, Boca, Rosario Central, Racing y Sacachispas. Pero había una camiseta azul con una luz especial, que se proyectaba en los tantos murales que mantienen viva su llama: la 10 de Maradona. Ni siquiera uno de los muñecos treintañeros se quería perder de él y, para nutrirse de su magia, posaba frente a la pintura que embellece la esquina de Joaquín V. González y Venancio Flores.

 

 

 

 

En el 2020 se descubrió otro centro clandestino de detención. Funcionaba en la misma manzana de Automotores Orletti, sobre la calle Bacacay, y la marcha lo sumó en su recorrido, aunque sin detenerse, camino hacia la casa en la que asesinaron a Victoria Walsh -Avenida Corro y Yerbal-: la hija de Rodolfo, el periodista que no titubeó cuando escribió la Carta Abierta a la Junta Militar antes de ser, también, asesinado. Las 11 cuadras que unen a la marcha con dicho punto son las de mayor exposición. La ruta es la Avenida Rivadavia y todo el mundo mira a las cinco personas que están arriba del pequeño camión pidiendo justicia con el micrófono, seguidas por una cuadra y media de gente. Algunos comerciantes salen a la vereda. Otros miran desde el interior de sus locales, con las puertas cerradas. Veo caras asustadas, otras que no entienden lo que pasa y también sonrisas cómplices, con ganas de cerrar la panadería o la verdulería y sumarse a la marcha. Unos adolescentes, que no parecen estar al tanto de lo que pasa, se mofan y bailan, infantiles, al ritmo de los bombos de los Descarrilados del Parque Avellaneda. Cuando la marcha pasó por su lado al grito de “ahora y siempre”, uno de ellos gritó “Jesús” y, luego, los adolescentes entraron a una iglesia cristiana.

 

 

Entonces, los muñecos, reyes, recibieron en el Olimpo -donde se estima que hubo alrededor de 500 prisioneros, muchos de ellos luego desaparecidos- a la peregrinación. El lugar, sobrio, tenebroso, podría ser el escenario principal de una película de terror. Y la noche me daría escalofríos si no hubiera tantos vecinos reunidos: una noche que hace 48 años significaba el infierno.

 

 

 

 

 

La marcha Orletti-Olimpo tiene vida. En muchos momentos se canta con una sonrisa, siempre con memoria. Su punto de encuentro retrata que es una movilización con historia: la Farmacia Hudson, de mil años. Y la frase que no esperaba encontrarme pero que leí, escrita con liquid paper, en una de las paredes viejas del frente de la farmacia, explica muchas cosas: “Vive la vida!!”.

 

La vida que no pudieron vivir miles de los que pensaban diferente. La vida en democracia que desde 1983 vivimos los argentinos. La vida de farsa que vivió Daniel Santucho Navajas, último nieto recuperado, el 133, quien “no tenía datos certeros, estaba lleno de dudas: si había nacido, cómo había nacido, si era varón o mujer”, y la vida de farsa que todavía viven los bebés robados, hoy adultos y adultas, que no saben su verdadero apellido.