Escribe: Leandro Manganelli
Las orquestas juveniles Vírgen de Itatí y Violeta Parra fueron cerradas a fines de febrero y no iniciaron las inscripciones ni el ciclo lectivo 2026. Se trata de dos agrupaciones que se encuentran en barrios populares de la Ciudad de Buenos Aires y forman parte (o formaban) del programa Orquestas para la Equidad: Vírgen de Itatí era de la villa 1-11-14 de Bajo Flores (se había trasladado a Parque Chacabuco hacía año y medio) y Violeta Parra de la villa 21-24 de Barracas. Según cuenta Lautaro Pérez Miranda, docente de la Violeta Parra, en la primera sesión de la Legislatura hubo un pedido de informes al Ministerio de Educación para que diga por qué se habían hecho estos cierres: todavía esperan una respuesta. Este sábado 9 de mayo a las 14 ambas orquestas van a realizar un concierto en el Departamento de Artes Musicales y Sonoras y Universidad Nacional de las Artes (DAMuS-UNA), con la participación de la Orquesta Juvenil de Caballito.
“Por más de que nos hayan despedido a los docentes, los estudiantes siguen asistiendo ante cada convocatoria con una sonrisa; nos han dicho que no entendían por qué estaban contentos si era una razón triste la del cierre de la orquesta, pero están contentos porque es un reencuentro con los compañeros, con el repertorio, con cada canción. Cada concierto nos reconforta y nos llena de fuerzas para seguir peleando”, dice Lautaro Pérez Miranda. Es docente de instrumentos autóctonos como el charango, el siku o la quena: “Estos instrumentos precolombinos no se enseñan en otras orquestas-escuelas; es parte de nuestra propuesta. Mis alumnos me decían ‘¿profe, nosotros qué vamos a hacer, a dónde vamos a ir?’”. Claro, chicos y chicas se hacen esas preguntas porque cada orquesta trabaja con diferentes géneros musicales. Violeta Parra, por ejemplo, desarrolla música latinoamericana. “Nosotros, Itatí, teníamos un pie muy fuerte en el folclore argentino, y del nordeste, hasta boliviano, y todo nuestro trabajo se basaba en esa música”, cuenta Matías Jascalevich, coordinador de la orquesta de Bajo Flores.

El Ministerio de Educación de la ciudad explicó a terceros (no hubo comunicación oficial y la nota salió en la revista Rolling Stone) que se cerraron las orquestas para fusionarlas con otras cercanas como la Orquesta Flores (a donde va la Itatí) y la Orquesta Barracas (a la que llegan desde la Violeta Parra). Una de las justificaciones del GCBA que las orquestas repudiaron fue la de una “superposición de oferta con orquestas cercanas”, frente a la que alegan que los contenidos trabajados por cada orquesta no son los mismos y que, en el caso de la Violeta Parra, funciona en la escuela media 6 del D.E. 5 orientada en música, por lo que la orquesta “se integra a la propuesta pedagógica y la identidad de la escuela”. “No se nos explicó ni se establecieron las formas ni los mecanismos para que la fusión sea efectiva y cuidada. Entendemos que esto no es una decisión seria, sino una excusa. Ambas orquestas terminaron el 2025 con todos los instrumentos a tope de matrícula”, denuncia Lautaro Pérez Miranda. Según Matias Jascalevich, la orquesta a la que fusionaron la Itatí es sinfónica: “Nosotros dábamos clases de charango y de guitarra, que son instrumentos que en una formación sinfónica no existen”.
“Ambas orquestas tienen historias paralelas en el barrio que siempre convivieron de manera positiva, compartiendo conciertos. Cada una tiene una propuesta pedagógica y artística diferente”, refuerza Pérez Miranda y reduce aún más una de las justificaciones que llegaron desde el GCBA. La cercanía geográfica no indica similitud. “Hay una ignorancia muy cabal, de hecho la persona que está al frente de todo el programa, Teresa Patronelli, es una abogada. Es algo que nos viene pasando con quienes estuvieron antes en ese cargo. Y son personas que venimos invitando a acercarse a la orquesta desde hace 10 años, por lo menos, y nunca pisaron una sede”, denuncia Matías Jascalevich.
“Hay una alumna de la 1-11-14 que empezó conmigo a los 9 años y el año pasado egresó en el (Juan Pedro) Esnaola con un título habilitante de docente de violoncello y ahora está estudiando dirección de orquesta en la Universidad de las Artes”, se enorgullece Matías Jascalevich, coordinador de la Orquesta Vírgen de Itatí.

Respecto a la situación laboral de los 19 docentes que se quedaron sin trabajo -fueron echados por teléfono y por Whatsapp-, tenían un contrato renovable no remunerativo, es decir sin aguinaldo, indemnización ni cargas sociales. El tema tiene su historia: ya hubo una pelea por la vida de las orquestas hace más de 10 años cuando, bajo la presidencia de Mauricio Macri, se cerró el Programa Nacional de Orquestas y Coros Infantiles y Juveniles del Bicentenario -creado en 2010-. Ahí fue cuando las orquestas pasaron a depender de fundaciones en el marco del programa Orquestas para la Equidad “con un contrato en inferioridad de condiciones”, según el coordinador de Itatí. “Nos dijeron que si manteníamos la matrícula alta, en algún momento íbamos a pasar a estar en condiciones laborales similares al del resto de las orquestas -remarca Jascalevich-. Siempre tuvimos la matrícula llena, con lista de espera; estuvimos peleando hasta el día que cerraron la orquesta para tener el tipo de contratación que nos correspondía”.
Además de ser espacios de contención social, estas orquestas brindan a cientos de chicos y chicas oportunidades para formarse de manera profesional: la Violeta Parra tenía un convenio con el Conservatorio Manuel de Falla para que los alumnos y las alumnas, durante su trayecto en la escuela secundaria, pudieran sumar materias del ciclo básico en dicha institución superior de música. “A partir de que los chicos muestran compromiso, interés y cuidado del instrumento, el programa se los presta y se lo pueden llevar a la casa para estudiar. Es un símbolo muy importante el darles el instrumento”, comenta Jascalevich. Es parte también de las oportunidades que brindan este tipo de orquestas. Como sea, entre la resistencia y la nulidad de respuestas favorables para la comunidad de las orquestas Vírgen de Itatí y Violeta Parra, una gran cantidad de alumnos y alumnas no pudieron iniciar el ciclo lectivo 2026 con sus respectivos grupos. Y la que pierde es la música: esta vez, las orquestas no son escuchadas.



